La sombra de la impunidad: el Estado vuelve a contratar firmas bajo investigación
En medio de promesas de transparencia, el Ministerio de Salud volvió a adjudicar licitaciones a empresas vinculadas a la investigación por coimas en la ANDIS. La situación reaviva el debate sobre la gestión de compras estatales y la confianza pública.

Desde gob.com.ar, nuestra misión es observar la gestión pública con una lupa crítica, buscando la verdad detrás de los comunicados y las promesas. Hoy, 4 de junio de 2026, nos encontramos con una noticia que, lamentablemente, no es del todo nueva, pero que sigue resonando con una preocupación ineludible: la persistencia de patrones cuestionables en las contrataciones estatales, incluso frente a investigaciones judiciales en curso.
Un déjà vu preocupante en Salud
La información que nos llega es contundente: el Ministerio de Salud ha vuelto a beneficiar con una licitación a la Droguería Suizo Argentina, ligada a los hermanos Kovalivker. Lo alarmante de esta situación es que ocurre mientras pesa sobre ellos una investigación por presuntas coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) durante 2025. No es un detalle menor; estamos hablando de desvío de fondos y manejos opacos en un área tan sensible como la salud y la discapacidad, que afecta directamente a los sectores más vulnerables de nuestra sociedad.
La reaparición de estas firmas, junto a otras que también estarían bajo la lupa judicial, en procesos de adjudicación de medicamentos oncológicos, enciende todas las alarmas. ¿Qué tan profundos son los mecanismos de control del Estado? ¿O acaso la memoria institucional es demasiado corta, o deliberadamente selectiva, cuando se trata de repartir contratos millonarios?
El eco de una investigación abierta
El caso ANDIS, recordamos, puso en el centro de la escena un esquema de presuntas irregularidades donde el desvío de fondos y los acuerdos bajo la mesa habrían sido moneda corriente. La Justicia aún sigue investigando estas denuncias, buscando esclarecer la red de complicidades y responsabilidades. En este contexto, que los mismos actores, o estructuras empresariales asociadas a ellos, vuelvan a ser parte de las compras del Estado, no puede sino generar una profunda inquietud.
Se mencionan, además, “misteriosos cambios en el directorio” de estas empresas. Esta es una táctica conocida en el ámbito de las organizaciones que buscan limpiar su imagen o esquivar responsabilidades ante el ojo público y judicial. Pero estos movimientos, lejos de disipar dudas, solo las refuerzan. Pareciera que se busca un cambio de fachada, sin una verdadera transformación de las prácticas o un esclarecimiento de las acusaciones pasadas. La pregunta es obvia: ¿se está investigando a fondo quiénes son los verdaderos beneficiarios detrás de estas estructuras, o nos conformamos con un simple enroque de nombres en los papeles?
¿Transparencia o fachada?
Desde hace tiempo, la bandera de la transparencia y la lucha contra la corrupción ha sido un pilar discursivo central en la gestión gubernamental. Sin embargo, hechos como este ponen en jaque la credibilidad de esos postulados. ¿Cómo podemos hablar de un Estado transparente y eficiente si las mismas firmas cuestionadas por la Justicia siguen operando y ganando licitaciones en áreas críticas como la provisión de medicamentos?
La gestión de las compras y contrataciones públicas es uno de los termómetros más claros de la salud institucional de un país. Es ahí donde se juega gran parte del presupuesto nacional, y es ahí donde la oportunidad para el desvío de recursos y la corrupción es más latente. No solo se trata de la pérdida de dinero público, sino de la calidad de los servicios que reciben los ciudadanos, en este caso, pacientes oncológicos que dependen de tratamientos vitales. La falta de escrutinio riguroso en este tipo de licitaciones no solo es una falla administrativa; es, ante todo, una falla ética y social.
El impacto en la confianza pública
La persistencia de estas situaciones tiene un impacto devastador en la confianza de la ciudadanía. Cuando la gente percibe que, a pesar de las denuncias y las investigaciones, “todo sigue igual” o que los mismos de siempre logran sortear los controles, se socavan las bases de la legitimidad institucional. La idea de que existe una “red” de intereses por encima de la ley y de las necesidades públicas se arraiga, generando desafección y cinismo.
El Gobierno tiene una responsabilidad ineludible en asegurar que las licitaciones públicas sean procesos intachables, donde prime la idoneidad, la transparencia y la competencia leal. Y, fundamentalmente, donde no haya lugar para actores que estén bajo la sombra de la sospecha judicial. Esto implica no solo revisar los pliegos y los procedimientos, sino también fortalecer los organismos de control y garantizar que la información sobre los procesos de adjudicación sea accesible y fácilmente auditable por la sociedad.
Un llamado a la acción y la rendición de cuentas

Este episodio debe servir como un llamado de atención urgente. No podemos darnos el lujo de naturalizar la impunidad o de permitir que las investigaciones judiciales queden en un cajón mientras los mismos protagonistas continúan haciendo negocios con el Estado. Es imperativo que las autoridades del Ministerio de Salud y los organismos de control expliquen públicamente cómo se llegó a esta situación, qué medidas se tomarán y, sobre todo, cómo garantizarán que no se repita. La transparencia no es un eslogan; es una práctica constante y exigible. Y los ciudadanos merecen, y demandan, un Estado que funcione con ética y responsabilidad, velando genuinamente por el bien común, y no por los intereses de unos pocos.