La estrategia de las "dos velocidades": autopistas y algoritmos para el tramo final
El gobierno parece estar ajustando su brújula política y económica. Entre licitaciones de obra pública que buscan acallar críticas y una audaz propuesta legislativa sobre sociedades dirigidas por IA, la gestión busca un relanzamiento en un contexto de consumo a la baja y debates sobre la dolarización, con la mirada puesta en 2027.

La política argentina no da tregua. Mientras el calendario marca poco más de un año y medio para las próximas elecciones presidenciales, y con un Mundial de fútbol que capta parte de la atención popular, el oficialismo parece haber iniciado una etapa de recalibración estratégica. Las señales son diversas, pero apuntan a un objetivo claro: consolidar una narrativa de gestión efectiva que le permita proyectarse hacia 2027, en un escenario económico complejo y con nuevas y disruptivas propuestas sobre la mesa.
El retorno de la obra pública: ¿Un cambio de paradigma o una jugada táctica?
Una de las novedades más resonantes de los últimos días es la preparación de una licitación para construir autopistas, un movimiento que, según trascendió, busca "acallar las críticas por las privatizaciones". Este anuncio llega en un momento donde la obra pública ha sido uno de los focos de debate y ajuste, con una fuerte reducción de la inversión estatal. Si bien ya se estaban adjudicando kilómetros para mantenimiento, este nuevo paquete de proyectos, que se extendería por la mayoría de las provincias, sugiere un giro.
¿Estamos frente a un replanteo genuino de la política de infraestructura, que reconoce el rol del Estado en el fomento del empleo y la actividad económica, o se trata de una movida pragmática para suavizar la imagen de un gobierno percibido como excesivamente liberal en lo económico y rígido en lo social? La respuesta no es sencilla. El contexto sugiere que es, al menos en parte, una respuesta a la presión popular y a la necesidad de mostrar capacidad de gestión más allá del ajuste. La obra pública, históricamente, ha sido un motor de desarrollo y una herramienta de legitimación política. Su reaparición en la agenda, aun con financiamiento mixto o concesiones, no puede leerse de otra manera que como un intento de ampliar la base de apoyo y mitigar el desgaste de la gestión.
La economía: un telón de fondo de incertidumbre persistente
Este "relanzamiento" de la gestión no puede desvincularse de la compleja situación económica que atraviesa el país. Los indicadores de consumo siguen siendo preocupantes: junio mostró una nueva caída para las ventas pyme, y el primer semestre del año cerró con números en rojo. Si bien hubo una leve mejora interanual en el comercio minorista, atribuida al aguinaldo y al Mundial, la tendencia general sigue siendo descendente.
En este panorama, el debate económico se intensifica. Mientras especialistas de Wall Street advierten sobre el valor del dólar y la necesidad de "tolerar un punto de cambio más alto", el mentor económico del Presidente, ha anticipado una "mayor dolarización", vinculando el futuro del país al respaldo político y haciendo una comparación que resuena con la "tablita" de Martínez de Hoz. Esta discusión sobre el rumbo monetario y cambiario agrega una capa de complejidad y, para muchos, de incertidumbre, sobre la estabilidad a mediano plazo y las consecuencias para el bolsillo de los ciudadanos. La contracción del consumo es el reflejo directo de estas políticas y de las expectativas de la gente.
Hacia la gobernanza algorítmica: el proyecto de sociedades con IA
Paralelamente a las tácticas de gestión más tradicionales, el Gobierno impulsa una propuesta legislativa de avanzada y de impacto potencialmente transformador: el proyecto para permitir "sociedades dirigidas por la Inteligencia Artificial". Federico Sturzenegger, una figura clave en la órbita oficial, es quien lidera esta iniciativa que busca reformar la ley de Sociedades Comerciales.
La idea de que algoritmos puedan asumir roles directivos en empresas genera un intenso debate entre los especialistas. Si bien existe un optimismo respecto a las eficiencias y oportunidades que podría generar, también surgen fuertes cuestionamientos sobre la supervisión de estos "agentes de IA", la responsabilidad legal y las implicaciones éticas. Este proyecto, que ya se debate en el Senado, no solo posiciona a Argentina en la vanguardia de la discusión global sobre gobernanza tecnológica, sino que también plantea preguntas fundamentales sobre el futuro del trabajo, la toma de decisiones y el marco legal en un mundo cada vez más digitalizado. Es una apuesta ambiciosa que, de concretarse, podría redefinir el paisaje corporativo y, eventualmente, la propia administración pública.
Un equilibrio delicado rumbo a 2027
Así, el gobierno transita un sendero de "dos velocidades": por un lado, intenta reconectar con demandas más tradicionales, como la infraestructura, buscando aplacar el descontento y construir consenso. Por otro, mantiene su apuesta por reformas profundas y disruptivas, como la incorporación de la Inteligencia Artificial al entramado legal empresarial. Todo esto, mientras la economía sigue siendo el gran desafío, con el consumo languideciendo y la dolarización como un fantasma que sobrevuela las proyecciones.

La salida de Manuel Adorni, interpretada por algunos como parte de un "relanzamiento" que busca acelerar la reforma política, refuerza la idea de una gestión en constante reconfiguración. Con la mira puesta en el balotaje de 2027, el oficialismo y la oposición ya tejen alianzas y colectoras, anticipando una contienda que, a juzgar por el presente, será tan compleja como el escenario que hoy se dibuja. La efectividad de estas estrategias, tanto las pragmáticas como las visionarias, será el factor clave para determinar el rumbo del país en los próximos años. En este ajedrez político y económico, cada movimiento cuenta.